Reparto de premios y mucho feminismo en Los Goya. La librería, de Isabel Coixet, se ha impuesto en los principales galardones con las estatuillas de mejor película, mejor dirección y mejor guion adaptado, mientras que la película Handia, de Jon Garaño y Aitor Arregi, ha arrasado en las categorías técnicas hasta lograr 10 estatuillas: la cuarta película de la historia con más premios. La gala ha estado marcada por los abanicos rojos que reivindican más mujeres en la industria cinematográfica y los discursos por la igualdad.

La librería, un retrato de una sociedad mezquina basado en la novela de Penelope Fitzgerald, supone un suma y sigue de Isabel Coixet, que con su Goyas a mejor dirección y guion ya tiene ocho galardones en su carrera. La cineasta ha dedicado el premio de guion “a todas esas mujeres que van al cine, compran entradas y hacen que estemos aquí”. Y también a su madre “porque cuando era pequeña y me escaqueaba de las cosas de casa decía a mi padre ‘deja que lea, que para algo servirá'”.

Handia, la película que llegaba con más nominaciones, triunfa numéricamente con 10 galardones, guion original, banda sonora, dirección de producción, diseño de vestuario, montaje, dirección artística, fotografía, maquillaje y peluquería, mejores efectos especiales. Una recompensa a un trabajo primoroso de recreación de época.

A los que hay que sumar el de Eneko Sagardoy, mejor actor revelación por dar vida al Gigante de Altzo, convirtiendo sus 1,84 m. en 2,26 m. Sagardoy ha dedicado su premio a las “identidades incomprendidas” y a los “cuerpos raros”. En la tabla histórica, Handia empata en premios con La isla mínima y Blancanieves y solo Mar adentro (14) y Ay, Carmela (13) le superan.

Javier Gutiérrez y Nathalie Poza, premios de interpretación
Esperado Goya a la mejor actriz para Nathalie Poza (No sé decir adiós): el primero de su carrera tras cuatro nominaciones. “No sé si cambiaremos el mundo, pero a mí este oficio me ha cambiado la vida”, ha dicho emocionada.

Y segundo Goya a mejor actor para Javier Gutiérrez (tras el logrado en 2015 por La isla mínima) por su manipulador aspirante a escritor en El autor. Gutiérrez se acordó de las miserias de la profesión: “Este oficio es muy hermoso pero también muy cruel. Quiero dedicarle este Goya a todos esas compañeras y compañeros que no suena el teléfono para ellos y no tienen ni la mínima oportunidad de demostrar su talento”.

El otro goya del El autor, Adelfa Calvo, mejor actriz de reparto por su fabulosa papel de portera. “Las mujeres en el cine tenemos muchas historias bonitas que contar, que el cine sea de verdad un arte libre donde actores y actrices trabajen en igualdad”, ha dicho la malagueña.

Una de las grandes favoritas, Verano 1993, se lleva tres galardores. Carla Simón dedicó su Goya a la mejor dirección novel a sus padres biológicos. “Murieron por el sida y quiero decir que ya no es ningún estigma. No pasa nada por vivir con el VIH”. Bruna Cusí, mejor actriz de reparto, le agradeció a la directora su Goya: “Rodar Estiu 1993 y que llegaras a mi vida es de lo mejor que me ha pasado en mi vida. Y David Verdaguer, mejor actor de reparto, siguió la cadena dedicándoselo a “a Bruna y a las pequeñas actrices de la película”.

Una gala por la igualdad
Sobre un escenario de estética steampunk, Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla cumplieron con nota con lo prometido: humor absurdo, blanco y muy apoyado en los monólogos. El guion de la gala, sin números musicales y solo apoyado por la proyección de algún vídeo, estaba punteado de reivindicaciones feministas.

Antes, en la alfombra roja, los abanicos rojos que clamaban por más mujeres en la industria llegaron tarde, pero a punto para que Penélope Cruz, Isabel Coixet y muchos más los lucieran. Se sumaron políticos como Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, pero no Albert Rivera.

La cineasta y actriz Leticia Dolera ha resumido el espíritu de la ceremonia: “Nosotras somos la otra mitad, la mitad del mundo. Y la mitad de la imaginación”. Antes lo había hecho, dentro del guion, en clave humorística: “un campo de nabos feminista precioso”.

En el discurso institucional, la vicepresidenta de la Academia, Nora Navas fijaba una declaración de intenciones: “Desde hoy y para siempre la Academia de Cine va a ser una referencia en términos de igualdad, respeto y oportunidad”. Aunque el discurso más directo y crudo lo pronunciaba Pepa Charro, con un monólogo denunciando el machismo de la industria y prensa.

 #masmujeres

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