La Policía Nacional atiende todas sus obligaciones de forma abnegada

La Policía Nacional atiende todas sus obligaciones de forma abnegada, y como se ha dicho en otras ocasiones, es una institución valorada positivamente por la ciudadanía. La entrega de su personal está más que sobradamente demostrada y cuando no es así, los Agentes se encuentran al igual que el resto de ciudadanos, sometidos al control de la jurisdicción penal, lo que por lo visto no ocurre en el departamento de Asuntos Sociales de Fina Santiago.

Los menores que se encuentran tutelados en diferentes centros del Gobierno Balear, solo son competencia de la Policía cuando perpetran algún ilícito penal, o bien, cuando se encuentran en la vía pública desamparados en situaciones de peligro para su integridad física, psíquica o moral. Una gran parte de las intervenciones realizadas por la Policía sobre estos menores, tienen su origen en las fugas que se producen de forma habitual en los centros dependientes de la Consejería, y es en ese momento cuando debe intervenir la Policía. Las funciones de los agentes están debidamente delimitadas y bajo ese amparo actúan los policías. Solo hay que retrotraerse en el tiempo y comprobar la gran cantidad de intervenciones policiales, a veces por delitos muy graves, que vienen precedidas de fugas de centros tutelares, o bien son protagonizadas por menores que según el juicio de sus cuidadores, están capacitados para disfrutar de permisos, que aprovechan para realizar conductas delictivas y que al mismo tiempo, tales jóvenes, se encuentran en una situación de desamparo que proporciona facilidades para que estos sean captados para actividades delicuenciales.

Los menores, bajo custodia de un centro tutelar del Govern, son en última instancia responsabilidad de la consejería, tanto en su educación, tutela y en el progreso adecuado en su conducta social, y tal responsabilidad la consejera la ejerce a través de los distintos servicios sociales y no de la Policía. La sensación de muchos agentes que se enfrentan a tales situaciones, es a veces de impotencia, ya que entregado el menor a un Centro tutelar por la Policía de forma reglamentaria, se percatan que ese mismo menor, horas después se encuentra nuevamente en la calle en la misma situación de desamparo que motivó su entrega, y esto ocurre de forma habitual, no excepcionalmente.

En base a todo lo acontecido está claro que, cuanto menos, en relación a la Consejería, se puede poner en duda la adecuación de las actividades y los reglamentos de tales centros, no siendo así en el de los agentes, y cuando la Consejera lo estime oportuno, no tienen inconveniente alguno en explicar las funciones que deben realizar los policías.

«Dignifique su profesión, en la que tantos años lleva, y no lance “balones fuera”, nosotros lo hemos recogido y se lo devolvemos, le preguntamos ¿asumirá usted su responsabilidad, dimitirá?.»

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