Opinión: PORTAVOZ DE LA COMUNICACIÓN DE CRISIS

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Para afrontar la situación de emergencia y gestionar la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, el  Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, declara el estado de alarma, que afecta a todo el territorio nacional y su duración de quince días naturales. En el Artículo 4. se nombran cuatro autoridades competentes que podrán actuar, bajo la superior dirección del Presidente del Gobierno, en sus respectivas áreas de responsabilidad: la Ministra de Defensa, el Ministro del Interior, el Ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y el Ministro de Sanidad.

El Decreto contiene una laguna jurídica o vacío legal, como lo queramos llamar, que es el nombramiento del Portavoz de la Comunicación de Crisis, quien a su vez dirigirá el equipo de los 17 portavoces autonómicos oficiales. En manos del Gobierno está la elección del Candidato.

Es urgente ordenar las declaraciones y testimonios subjetivos, así como las manifestaciones discrepantes, que nos llegan de portavoces espontáneos, no autorizado en muchos casos, de todos los ámbitos profesionales, quienes actúan individualmente porque en el Gobierno no hay un Portavoz Oficial de la Comunicación de Crisis.

Las crisis, ya sean de salud, sociales, económicas o políticas, conllevan cambios inesperados, situaciones complicadas y de escasez. Discrepo del titular del editorial publicado en OK Diario titulado «la improvisación cuesta vidas». Con mi experiencia de más de 30 años en el ejercicio de la Comunicación, afirmo rotundamente que «la improvisación salva vidas» si debido a un caos no previsto, trata de poner orden a la Sociedad y conforme se van desarrollando los acontecimientos se toman con urgencia decisiones adoptando medidas para reducir los riesgos.

En la Comunicación de Crisis en situaciones de emergencia, en las que no siempre basta con divulgar una información precisa, hay que tener muy presente una regla prioritaria «la improvisación contamina», primero, hay que preparar el terreno y, a continuación, diseñar una estrategia comunicativa adecuada a las circunstancias para minimizar la crisis, transmitiendo mensajes en todo lo relativo a las  informaciones sobre los riesgos para Sociedad en general, la salud pública y la seguridad.

En estos días y posiblemente se avecinan meses, vivimos de la improvisación, lo vemos a diario en las informaciones que nos transmiten los medios. Los hogares españoles, debido a la obligada reclusión en las casas y la prohibición de salir a las calles, se han convertir en espacios domésticos «inteligentes» para prácticas de cocina, con zonas de juego y ocio, salas de baile, escenarios musicales, circuitos de deportes, gimnasios, fiestas de San Fermín…  que nos motivan a participar, día a día, en estos tiempos de lucha común para vencer el COVID-19.

En la realidad desconocemos cuando empezó el «estado de crisis del COVID-19» y cuando terminara. Han pasado 7 días interminables y a día de hoy no sabemos cuánto durara.

Me gustaría transmitir dos mensajes: al Gobierno decirle que nombre un Portavoz de la Comunicación de Crisis y a los ciudadanos, quienes están demostrando un comportamiento ejemplar, que recuerden al sociólogo canadiense, Marshall McLuhan, padre del lema «la imaginación al poder»…

*Ana Lucrecia Baschwitz Gómez de las Bárcenas.

San Agustín de Guadalix (Madrid)

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