El gran logro de Charles Darwin

Todo el mundo ha oído hablar sobre la evolución de las especies, sobre Charles Darwin y su mítico viaje de cinco años en el bergantín HMS Beagle alrededor del mundo, que le permitió descifrar el secreto mejor guardado de la biología. ¿Por qué son las especies que conocemos tal y como son? ¿Por qué están tan bien adaptadas a su entorno?

Un poco de historia:

Durante siglos la respuesta a estas preguntas estuvo clara para la mayoría de los eruditos: todo era obra de Dios, el cual había creado a cada especie animal, vegetal, microbiana y fúngica exactamente tal y como son en la actualidad. Esto es lo que se conoce como creacionismo.

Sin embargo. A principios del siglo XVII y sobretodo con el advenimiento de la ilustración en el siglo XVIII, el creacionismo empezaba a no tener sentido en la comunidad científica. Estos científicos buscaban una respuesta racional a estas preguntas, sin recurrir a fuerzas sobrenaturales. La primera explicación racional a la adaptabilidad de las especies fue propuesta por el naturalista Jean-Baptiste Lamarck en 1809.

Según Lamarck, el entorno donde habitaban las especies era capaz de inducir cambios anatómicos y de comportamiento en los individuos, que al reproducirse, transmitían a la descendencia. Explicaremos esto con un ejemplo: De acuerdo con la hipótesis de Lamarck, las jirafas de cuellos más cortos eran capaces de estirarlo para alcanzar el alimento situado en las copas de los árboles. Este hecho hipertrofiaba sus cuellos haciendo que sean más largos. Finalmente al reproducirse, transmitían esta mejora a la descendencia.

Cabe mencionar que el lamarckismo fue descartado por la comunidad científica desde hace varias décadas. En la época de Lamarck se desconocía completamente el papel que juega la genética en la transmisión de caracteres, ya que son los genes y no los cambios físicos en los individuos los que son transmitidos a la descendencia. Dicho de otras palabras, por mucho que un campeón olímpico de natación tenga hijos, estos hijos no sabrán nadar mejor que otros niños por el hecho de haber nacido de un nadador profesional.

Unos años más tarde de la publicación de las tesis de Lamarck, en el día 27 de diciembre de 1831, zarpó de Plymouth (Inglaterra) el bergantín HMS Beagle. A bordo, un joven naturalista que rondaba los 22 años se disponía a estudiar la fauna y flora de los lugares que este velero visitaría en su circunnavegación del mundo. Su nombre era Charles Darwin, y según sus diarios, el viaje que realizó a bordo del Beagle fue el evento más importante de su vida y el que más determinó su carrera.

En este viaje Darwin visitó varios lugares como Río de Janeiro, o Sidney. Sin embargo, las islas Galápagos fueron sin duda su destino más importante. Allí estudió a numerosas especies exóticas: tortugas, alcatraces, pinzones etc. Se percató que las especies existentes en las diferentes islas eran similares entre sí, pero no idénticas. En concreto, con los pinzones descubrió que éstos poseían un pico diferente dependiendo de la dieta que éstos tenían, aunque en el resto del cuerpo no se distinguían diferencias notables.

Una idea brillante:

Para Darwin la respuesta estaba clara. Los pinzones en la naturaleza presentaban cierta variabilidad. Unos tenían el pico más grueso, otros más afilado, otros más estrecho… Sin embargo, el medio natural no tiene capacidad para mantener a todos los pinzones. Si en una isla por ejemplo el único alimento disponible son las nueces, los pinzones con picos más gruesos y fuertes son los únicos capaces de alimentarse adecuadamente, por lo que tienen más probabilidades de reproducirse y transmitir la característica del pico fuerte a su descendencia. El resto de pinzones mueren sin

poder alimentarse y sus características no se transmiten a la siguiente generación. Es lo que se conoce como selección natural. La teoría de la evolución por selección natural fue publicada en 1859 por el mismo Darwin en el libro El origen de las especies. Además, de forma paralela e independiente, el naturalista Alfred Wallace, llegó a las mismas conclusiones que Darwin, reforzándose así su teoría.

Los nuevos horizontes de la evolución:

A pesar de que las ideas de Darwin eran revolucionarias, él jamás supo responder a dos cuestiones importantes. ¿Cuál es el origen de la variabilidad de los seres vivos? ¿Cómo transmiten las nuevas características a su descendencia?

Al contrario de lo que nos podría parecer, estas preguntas son fáciles de responder desde el punto de vista de la genética moderna. Todos los caracteres físicos y de comportamiento de los seres vivos están determinados en mayor o en menor medida por sus genes. Estos genes son moléculas de ADN que indican a sus células qué características concretas deben expresar estos organismo. En ocasiones, de manera espontánea, estos genes cambian su composición y estructura química. Es lo que se denomina mutación. La mayoría de las veces, estas mutaciones originan cambios perjudiciales para el organismo, que disminuyen sus probabilidades de sobrevivir y reproducirse. Sin embargo, en muy raras ocasiones, una mutación puede aumentar las probabilidades del organismo de sobrevivir y reproducirse, y gracias a la selección natural descrita por Darwin, estas nuevas características se transmiten a la descendencia por medio de los genes. De hecho, son estos genes nuevos los que se transmiten.

Conclusiones:

Durante siglos, el ser humano siempre le ha atraído la idea de sentirse una creación especial de la naturaleza, sin embargo, ésta nos enseña que sólo somos parte de ella. Compartimos ancestros comunes con los actuales simios, ancestros cuyas mutaciones fueron seleccionadas por la propia naturaleza gracias al mecanismo descubierto por Darwin. También, hoy día sabemos que todos los seres vivos del planeta, desde la más minúscula bacteria hasta la más imponente secuoya, comparten genes entre sí, lo que nos revela que todos los seres vivos somos en cierta forma primos muy lejanos y que el ser humano, nos es más que un primos más. Ni mejor que ningún otro ser ni más evolucionado, ni una creación especial. Somos solamente un jugador más en el ancestral juego de la vida.

Bibliografía:

· Charles Darwin. El padre de la teoría de la evolución. National Geographic (2019).

· Teresa Gómez Herrera. Lamarckismo y Darwinismo. Revistas Científicas Complutenses. Universidad Complutense de Madrid.

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