El niño que nació de una flor

Todo empezó una mañana muy temprano , como muchos domingos salíamos a pasear al campo, pero no sé por qué, ese día nos dio por subir al coche he irnos más lejos, nos fuimos hasta el monte. Dejamos el coche al pie de la montaña, y empezamos a subir despacio pues estaba bastante empinado, y teníamos que ir con mucho cuidado, después de estar un rato subiendo, no detuvimos a descansar.

Admiramos el bonito paisaje que desde allí se veía, todo el pueblo parecía muy pequeño, con la iglesia el campanario y su pequeño río cruzando lo por el centro. Nos entretuvimos que no nos dimos cuenta de lo tarde que era, decidimos bajar he irnos a casa era ya la hora de comer. Decidimos bajar por otro sitio, cuando ya habíamos descendido medio camino, oímos el llanto de un niño, como no se veía a nadie, nos acercamos para ver de dónde venía el llanto, escondida entre una gran planta de romero, había una gran flor de color violeta, era enorme se parecía a un tulipán y estaba medio abierta.

¿Cuál no sería nuestra sorpresa que nos dimos cuenta de que el llanto salía de dentro de la flor?.

Nos acercamos muy despacio, pues no sabíamos que nos íbamos a encontrar, a pesar de que el llanto parecía el de un niño, nos acercamos a la enorme flor y vimos sentado en el centro a un pequeño ser que estaba desnudo, lo único que llevaba puesto era en la cabeza como una flor puesta al revés. Lo cogimos con mucho cuidado, medía unos diez centímetros, tenía el pelo azul y los ojos violetas, y nos preguntó ¿Quién sois vosotros, sois mis papás? Más sorprendidos aún porqué hablaba, le contestamos, no, somos una familia que hemos venido al monte a pasear, te oímos llorar, vinimos a ver qué pasaba, y nos encontramos contigo. ¿Tú cómo es que estás solo? Le preguntaron, no se nos respondió, seguramente la semilla de esta flor vino volando y se quedó aquí, porque no hay más flores como la mía. Y si vosotros no sois mis papás debo de ser de muy lejos, el problema es que no sé de dónde. No te preocupes, le dijimos, te vendrás con nosotros y te ayudaremos a buscar a tus papás y a volver a tu casa.

Nos lo llevamos a casa y cuando lo subimos al coche, y papá puso el motor en marcha. Se asustó muchísimo, lo tranquilizamos y volvimos a casa .

Cuando entramos en el pueblo, todo lo observaba maravillado y con temor. Que flores más raras, no tienen hojas y están llenas de agujeros. No son flores, son casas y los agujeros son ventanas, para que entre la luz, no le gustó mucho ni el ruido ni las casas, nosotros vivimos en una igual, ya la verás cuando lleguemos.

Cerca de nuestra casa, había un pequeño parque rodeado de seto y árboles, pero no habían flores, tuvimos que esconderlo en un bolsillo, para que nadie lo viera. Vivíamos en un tercer piso, subimos al ascensor y se puso a temblar. Mo le gustaba aquella caja que subía y bajaba, menos mal que el trayecto fue corto y se le pasó enseguida. Al entrar en casa y oír el canto de los pájaros se puso muy contento, teníamos una pareja de canarios, empollando cuatro huevos, y cantaban mucho. Todo lo miraba con curiosidad y asombro. No sabíamos cómo se llamaba. Él nos dijo que los primeros meses los pasaban dentro de la flor y el ya tenía edad para salir de la flor, y el tiempo que estuvo dentro de la flor se alimentaba de polen y miel que había por las plantas de alrededor .

Como no sabíamos como se llamaba, y después de mucho pensar, como lo encontramos, dentro de una flor, decidimos llamarle Lirio del valle.

Pasó toda la semana y cuando llegó el sábado salimos a buscar por todos los alrededores de donde lo encontramos.

Volvimos el domingo y desistíamos de encontrar nada, cuando una bandada de golondrinas nos vio con el niño que andaban buscándolo.

Lirio del valle oyó que hablaban de él, y se puso a gritar muy contento, bajaron todas al suelo rodeándolo, aunque un poco reveladas pues tenían miedo de los humanos, ellas dijeron ya sin temor y el las tranquilizó diciéndoles que le estaban ayudando a buscar a sus padres, como dijeron que su casa estaba muy lejos, subieron al coche siguiendo a las golondrinas, ya estaba anocheciendo, cuando llegamos, sus padres se pusieron muy contentos, las golondrinas se marcharon y aparecieron cientos de luciérnagas que no guiaron, al oír el zumbido de tantas luciérnagas, salieron los demás habitantes del lugar, todo el valle estaba lleno de hermosas flores de colores, asustados por la presencia de los humanos, el niño, les dijo no temáis que son ellos los que me han ayudado a buscaros, sus papás lloraban de alegría, se quedaron unos días, nos invitaron a comer, toda la fruta estaba con miel, estaba todo delicioso.

Llegó el día en que teníamos que marcharnos, nos despedimos cordialmente y con pena diciéndoles que no les diríamos a nadie dónde estaban, acompañados por las luciérnagas, porque era casi de noche. Nos guiaron hasta la carretera, nos despedimos de ellas, y nos marchamos a casa felices, porque habíamos encontrado unos amiguitos estupendos, y tranquilos y que Lirio del Valle había encontrado a su familia y amigos.

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