Eduardo y Yaimaris

Eduardo y Yaimaris han pasado las ultimas 10950 horas sin poder abrazarse, besarse. Sin mirarse a los ojos con ternura intima y tomarse de la mano corriendo bajo los arboles que una vez les cobijaron de la lluvia en el parque de su pueblo cualquier verano del trópico, enamorados.

A el le secuestraron el 30 de noviembre de 2016. Ella ha cuidado del hogar humilde, los hijos que crecen, sin los juegos que el padre, aficionado al fútbol, les enseñara.
El es medico, el doctor al que acudían todos cuando los males del cuerpo y la desesperanza del espíritu les acongojaba. Ella, su compañera en la ciencia, su amiga y cómplice, la consorte que hoy, mientras dura el rapto del furor de la injusticia, velaría porque el fuego mantuviera cálida el alma en la espera física.

Eduardo se puso en marcha hace muchos años, en medio de una época oscura donde otros Eduardos, otras Yaimaris habían sido separados por la tiranía que secuestro hombres y dejo solas a las mujeres que cada 14 de febrero año, tras año, tras año con el recuerdo evocaron baladas melosas. Porque cuando el amor es el alma de la carne y de la tierra y por su defensa los hombres comprometen sus días, sus años, su vida.
Eduardo continuo aquellos pasos cuando nadie se atrevía hacerlo. Y luego de la cárcel, el destierro y el crimen de sus amigos el continuó.

Y fue cuando los suyos le reconocieron valía de conductor y el asumió todos los riesgos porque todos y cada uno, los cubanos tienen que tener derecho a elegir y ser elegidos, a regresar del exilio, los cautivos ser liberados, los hombres libres de pensar, opinar y actuar como individuos o asociados según su propio criterio y fe.

Por eso le golpearon, le secuestraron, le tendieron una emboscada los malhechores que casi le dejan sin vida el cuerpo.

Pero él aun resiste, aunque desde hace dos años no tome de la mano a Yaimaris, la acerque justo junto a su pecho y le conduzca al ritmo de un bolero entre sueños de amantes en Cuba libre.

Del amor nacen los sueños y de perseguir estos el sentido de la vida.

Yo lo se.

Por Regis Iglesias
Portavoz Movimeinto Cristiano Liberaicon

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