Especialistas en Neumología de seis CCAA alertan sobre la necesidad de mejorar la gestión del paciente con EPID

Las enfermedades respiratorias crónicas representan la tercera causa de muerte a nivel global, solo por detrás de la enfermedad cardiovascular y el cáncer. Por su parte, las enfermedades pulmonares intersticiales difusas (EPID) —grupo heterogéneo de patologías raras caracterizadas por alteraciones del intersticio pulmonar— son la tercera causa de enfermedad respiratoria crónica, solo por detrás de la EPOC y el asma. La EPID más común es la Fibrosis Pulmonar Idiopática (FPI).

Uno de los principales retos relacionados con las EPID es la dificultad de su diagnóstico, que puede retrasarse durante años, con la consiguiente repercusión, no solo en términos de calidad de vida y supervivencia del paciente1, sino también de impacto socio-económico para el sistema sanitario.

Además, en el último año, las consultas de Neumología y las Unidades de patología intersticial, se han visto saturadas por la incorporación, con carácter de urgencia, de pacientes con afectación pulmonar post-COVID, lo que ha incrementado la demora en el diagnóstico de EPID2.

Conscientes de esta realidad, en base a las aportaciones realizadas por un grupo de especialistas en Neumología y EPID de seis comunidades autónomas —Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana, Euskadi, Galicia y Madrid— se ha elaborado el informe “Enfermedad Pulmonar Intersticial en el SNS. Recomendaciones para la gestión del paciente”, en torno a las EPID. En él concluyen que es imprescindible asegurar una adecuada gestión del paciente con esta patología en las diferentes fases de su paso por el Sistema Nacional de Salud. Especialmente, es clave asegurar un rápido acceso al diagnóstico y a su tratamiento, debido a la rápida evolución y pronóstico fatal de las EPID. Para ello, en el informe se destacan tres ejes prioritarios de actuación:

En primer lugar, la necesidad de mejorar, en la fase de sospecha, la capacidad del profesional sanitario (sobre todo de Atención Primaria, puerta de acceso del paciente al Sistema Sanitario) para reconocer este tipo de enfermedades que, con frecuencia, pueden confundirse con otras patologías más prevalentes asociadas al pulmón, como la EPOC. Es precisamente la dificultad de su diagnóstico, que suele demorarse durante años, uno de los factores principales que repercute tanto en términos de calidad de vida y supervivencia del paciente, como de impacto socio-económico para el sistema sanitario.

En este sentido, los expertos señalan la importancia de dinamizar las primeras fases del flujo de pacientes por el sistema, para evitar que se produzca una demora en el diagnóstico y que el paciente acceda a la Atención Especializada cuando la enfermedad está muy avanzada.

En segundo lugar, para agilizar el diagnóstico y optimizar el tratamiento de estos pacientes desatacan como esencial que, en caso de sospecha, se disponga de unas vías de acceso preferente del paciente desde Atención Primaria a las consultas de Neumología y a las unidades expertas en EPID, como ya sucede en otras patologías, como el cáncer.

Como tercer eje, y dada la complejidad del diagnóstico de la EPID, los expertos reclaman equipos o comités multidisciplinares de profesionales, que puedan valorar conjuntamente tanto la clínica que presenta el paciente como las diferentes pruebas complementarias, imprescindibles para su diagnóstico preciso.

Este informe ha sido elaborado por Boehringer Ingelheim a partir de las aportaciones realizadas, durante diversas reuniones, por especialistas en Neumología, expertos en enfermedades pulmonares intersticiales. En la revisión final del documento han participado la Dra. Myriam Aburto, del Hospital Universitario de Galdakao (Bilbao); la Dra. Estrella Fernández, del Consorci Hospital General Universitari (Valencia); la Dra. Virginia Leiro, del Hospital Álvaro Cunqueiro – CHUVI (Vigo); la Dra. Maria Molina, del Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona); la Dra. Asunción Nieto, del Hospital Clínico San Carlos (Madrid); la Dra. Claudia Valenzuela, del Hospital Universitario de La Princesa (Madrid) y el Dr. Agustín Valido, del Hospital Universitario Virgen Macarena (Sevilla); bajo la coordinación del Dr. Julio Ancochea, del Hospital Universitario de La Princesa, de Madrid

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