Hasta las ‘gónadas, gónados, gónedes’…

Groucho Marx, decía que solo se sentaría a la mesa de un político ‘si paga él’.

También es suya la frase: ‘La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados’.

Revisando el historial político es totalmente cierto que los políticos son, no en todos los casos, pero en su mayoría, un conjunto de mediocres, que realizan gestiones mediocremente y cuyos errores e incertezas tienen un alto coste para la sociedad, eso sí, casi siempre, sin consecuencia alguna personal para éstos… es decir, tienen ‘patente de corso’ para cagarla las veces que quieran.

Pero usted, ciudadano medio, ese supuesto miembro de la clase media libre e ilustrada que pretende tener discernimiento y capacidad de decisión, que apenas sobrevive a sus vicios, divorcios y deudas… usted se cree ser ejemplo para sí mismo y los demás para ejercer de demócrata eligiendo entre malo, peor o catastrófico.

Winston Churchill tenía razón: ‘la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado’.

Pero también Platón, en su negativa a aplicar una utopía, basada en la idea de dar a cualquiera, sin importar sus capacidades personales, la responsabilidad de votar o dirigir el Estado.

Se lo voy a traducir: Hay una clase privilegiada, configurada por personas que están ocultos tras un puñado de grandes corporaciones internacionales que tienen decenas de veces más poder económico que todo el PIB de los principales países del mundo.

Lo controlan todo, medios de comunicación, educación e instrumentos sociales de influencia para establecer hábitos de conducta y tendencias de pensamiento.

Nadie, absolutamente nadie puede influir sobre ellos, al contrario, no importa la respuesta popular, como fue el 15M o el surgimiento de partidos políticos que trataron de cambiar las cosas como fue en sus inicios PODEMOS.

Por tanto, es un poder que elige quién y cuando el ciudadano tiene y puede votar. De ahí que los políticos sean el producto de un mecanismo de selección patológico que desemboca en una colección de obsesos compulsivos por el poder o, incluso, individuos psicópatas narcisistas como probablemente sean personajes como Pablo Iglesias o Sánchez.

Los estudios en psicobiología y neurología demuestran, entre otros factores y ejemplos, que el Síndrome de Hubris (Hibris) o el hecho de que se disparen las catecolaminas, modifica la percepción de la realidad y la conducta de los que ejercen el poder.

Luego… la única opción real de poder ejercer influencia en un margen perceptible por parte de la ciudadanía es el voto al pequeño partido local, basado en políticas cercanas, que no depende de la disciplina de partidos de más amplio espectro.

Hay que volver a lo tangible, a lo cercano, para que por lo menos, no puedan quedárselo todo.

Tenemos que crear asociaciones de ciudadanos responsables que rasquen votos a los grandes partidos y consigan ser una bisagra que les obligue a cuidar del pueblo, no como hacen siniestros personajes como Armengol, que es una burguesa ‘sicario, sicaria, sicarie política’ al servicio del PSOE, un partido pelele de poderes y lobbies económicos perniciosos.

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