La tostada y el psiquiatra

Consulta del psiquiatra. El paciente es una tostada, untada por ambas caras de mantequilla y mermelada de albaricoque. La tostada flota en el aire, a pocos centímetros por encima del diván, girando sobre sí misma, a gran velocidad.

Psiquiatra: Buenos días… Ud me dirá qué le trae por aquí… ¿No podría parar un poco? ¿No se marea de dar tantas vueltas?

Tostada: Ése, ése es precisamente, doctor, el motivo de haber acudido a su consulta: No puedo evitar rotar de arriba abajo…

Psiquiatra: Bueno, pues gire, gire Ud… Uff… Me estoy mareando… ¿Cómo empezó todo?

Tostada: Pues verá, mi dueño me extrajo de la bolsa, me introdujo en la tostadora; A continuación, me untó de mantequilla y mermelada de albaricoque. Entonces aproveché un ligero movimiento vacilante de sus dedos aceitosos para escurrirme: Evidentemente, caí sobre el canapé recién tapizado… ¡Tendría que haber oído lo que salió por aquella boquita!… El caso es que me recogió de la mullida tapicería y me llevó a la cocina. Me dejó sobre un plato de la mesa, y volvió al interior del dormitorio con un trapo humedecido en agua y un poco de quitagrasas, con el fin de eliminar la mancha… Regresó a la cocina unos cinco minutos más tarde, dirigiéndome toda suerte de imprecaciones, que –de súbito– trocó por una sonrisa maníaca. Un cierto brillo en sus ojos me hizo ver que maquinaba algo: En lugar arrearme un bocado, –Cómo habría hecho el resto de mortales–, me colocó de canto sobre mi corteza y procedió a engrasar el otro lado de mi cuerpo de mantequilla y mermelada… A continuación, me arrojó al vacío y, ante la inminencia del impacto, sucedió lo impensable: Mi naturaleza me impelía a caer del lado pringoso, pero es que ¡mis dos caras estaban pringosas! Simplemente, no supe decidir sobre qué lado debía caer y, en un instante, advertí que empezaba a rotar sobre mí misma, en estado de ingravidez: Había entrado en un bucle neurótico, indecisa, incapaz de decidir sobre cuál de mis dos caras debía acometer el suelo… Mi dueño lanzó un aullido descomunal, un ”Eureka!”, –semejante al de Arquímedes siglos atrás–, al tiempo que farfullaba no sé qué acerca de la ingravidez, y el movimiento perpetuo, y la energía universal gratuita, y del Premio Nobel… Me persiguió –en paños menores– por toda la casa, sólo para comprobar que yo no sería presa fácil: Me escabullí por una ventana entreabierta, siempre rotando como un molinillo… Supongo que mi dueño concluyó que, después de todo, yo no era especial como tostada; que cualquier tostada untada por ambas caras se comportaría de forma idéntica…

Psiquiatra: Mire, mi diagnóstico es el siguiente: Sufre Ud una neurosis, provocada por el dilema existencial, por la duda patológica, de no saber sobre qué lado caer al suelo… Eso hace que gire Ud frenética y compulsivamente… En sus picos de ansiedad, aumenta Ud la velocidad rotatoria… De momento, le voy a prescribir biodramina, para el mareo… Le advierto que la voy a atiborrar a antiobsesivos y antipsicóticos…

Tostada: Doctor, soy reacia a tomar medicinas… No deseo encontrarme drogada todo el día…

Psiquiatra: También es posible llevar a a cabo una intervención, en la que se efectúe un corte inciso –longitudinal– a lo largo de la superficie de una de sus caras, con el fin de eliminar la capa de mantequilla y mermelada que la recubre… Le aviso, no obstante, que habrá que eliminar una lámina de miga –mínima, eso sí– de Ud misma, al objeto de que sólo tenga Ud una de sus caras embadurnadas… Lo que se conseguirá con ello es que 1) Deje Ud de rotar desenfrenadamente, y 2) En caso de caer al suelo, pueda darse el gustazo de caer sobre el lado “engrasado”, que, por lo colijo de sus palabras, es el verdadero objetivo de toda tostada… Es decisión suya…

Tostada: Pues va a ser que me decanto por la intervención, doctor…

Psiquiatra: Bien, procedamos con premura; permítame que me ponga los guantes de látex… Disminuya Ud la velocidad de rotación, a fin de que pueda cogerla con la mano… Así.. Muy bien…

El psiquiatra se lleva la tostada a la boca, y le arrea un mordisco.

Psiquiatra: Lo siento de veras, querida tostada… Espero que entiendas mi falta de ética profesional… Nunca antes me había comido una tostada parlante… Son las 13:25 h, y a estas horas, entra cierta hambrecilla… El estómago me hacía “glú glú”…

Tostada: Cabroooooooooooooooooón!!!!!

*Autor: JRF

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Actualizado: 2 marzo, 2019 — 00:10

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