Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro

«Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro. Y si dos están de acuerdo es por un malentendido» Jean Paul Sartre.

Conocerás a una persona por sus propósitos… eso regirá su destino… pero para poder elegir realmente sus propósitos, tiene que ser quien realmente lo decida… alcanzando su esencia.

Estamos destinados a elegir y toda elección provoca un sin fin de condicionantes… «y si me he equivocado»… «pero ahora que ya he elegido siento que me he perdido todo lo no elegido»…

No es intelecto, tampoco a solas el conocimiento, ser consciente de nuestra esencia, es superar los esquemas de la comodidad, pues el problema, es que antes que hacer el esfuerzo de entender, preferimos la rutina como modelo de pensamiento… en otras palabras, en vez de ser, preferimos «copiar», nos convertimos en una réplica… de cachas de gimnasio, profesor, obrero…

Nos adiestran el cerebro, nos convierten en «loros educados», para parecer correctos en un «modelo perfecto de jaula».

Luego, cuanto más viejo, más te crees ser el resultado del modelado de tu entorno, que no es más que un sesgo de tu entendimiento a base de hábitos impuestos… lo llamas personalidad y la defiendes como si fuera tuya… pero que no lo es, es sólo una construcción social con la que te identificas… y ahí nos tienes, matándonos por ideologías en manifestaciones radicales, por religiones dirigidas por personas sin alma y… maltratos de género, estatus o incluso de estado.

Y qué deciros del «sueño americano»… esas casas, esas vidas, esos «Fame» como modelo de éxito, esos «Trump»…

Hay sólo la posibilidad de que unos pocos vivan por encima de ciertos niveles de poder social y económico… y todos son tan ingenuos que pican y compran en academias, colegios y universidades un «buen futuro» por cuatro dineros… o por un oportuno nicho de insatisfacción social entrar en la «primera división política»… invirtiendo lo más valioso… su tiempo.

Como somos muy perezosos con las matemáticas, simplemente no entendemos que no hay puestos de ejecutivos para todos los que lo pretenden, plazas de profesores para todos los que estudiaron tal o cual materia… que si compras un boleto de lotería cada día durante 1000 años es probable que no te toque… cuando hablas con un comprador de lotería compulsivo y calculas todo lo que se ha gastado en una vida, eso equivale en sí, a un sustancioso premio… pero cuando uno toma una decisión equivocada… ya se encarga la disonancia cognitiva de que sigas y sigas insistiendo…

Así, en este mundo de «copia y pega» , muchos toman caminos fáciles, nuestro país precisa ingenieros, médicos y filósofos para tener más I+D pero generamos trabajadores sociales, abogados, licenciados en historia y, lo que está muy de moda… Sólo en España el colegio de psicólogos dice que hay 73.000 (colegiados) y otros tantos en curso… más de la mitad con la sola intención de ser funcionarios… que tampoco es posible, sólo unos pocos lo lograrán, mientras, habrán invertido vida, tiempo y a lo mejor sacrificado el amor de su vida en un «proyecto» de «sigue tus sueños»… pero con la letra pequeña de «caiga quien caiga».

Entre otras formas, vendemos nuestra vida al impostor vendedor de «crece pelo» o «peines para calvos con su peluca correspondiente», a cambio de un sueldo, mientras esperamos nuestro soñado «premio de lotería» para satisfacer nuestro artificial ego, incluimos sus adecuados complementos, pagamos el coche, la hipoteca, divorcios, pensiones a los hijos y algún título académico.

Pero a veces, los que tienen algún especial talento, rehúsan incluso el mismísimo premio Nobel, pues no admiten precio a su remordimiento de haber tenido el valor de elegir ser su esencia, no por el premio, ni por un precio… He aquí el existencialismo filosófico de Sartre.

Sartre, rechazó el Nobel explicando en una carta a la Academia Sueca que él tenía por regla rechazar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones establecidas del sistema.

Las personas sin empatía buscan el reconocimiento, porque sin éste no son nada… por ejemplo, un machista o una mujer psicópata buscarán la sumisión de su pareja, es decir, «quiéreme porque yo me quiero en el grado en que tú me ensalces, alaba mi ego, porque yo no tengo tiempo para otra cosa… siente el privilegio de que te permita ser reconocedor de mi potestad… sino buscaré a otro u otra, tu te lo pierdes»… por eso, cuando el enamoramiento desaparece, estos monstruos a veces cometen el crimen explícito: «le voy hacer la vida imposible»…

Pero lo que no se ve es el implícito, es con el que menoscaban la autoestima de su pareja, generándole psicopatologías que con el tiempo desencadenan consecuencias psicofísicas… depresiones, enfermedades oportunistas por bajada de defensas prolongada… Hay muchas formas de «matar» que no aparecen en las estadísticas.

La necesidad de reconocimiento es la trampa del ego… su esencia es la manipulación de los demás como propósito.

Los seres humanos con empatía simplemente hacen una aportación libre del ego para hacer un mundo mejor gracias a poner su inteligencia al servicio de los demás y a la naturaleza además de a si mismos, su esencia es entender que el ego tiene que ser un instrumento útil al mundo, no el mundo útil a su ego.

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