Vivir mal en paz…

Preferimos vivir mal en paz antes que romper esa paz para intentar vivir mejor.

Estamos en una generación de almas de plástico, la generación de aquellos niños que se les decía ‘se bueno’, que no han conocido una sola pelea a labio partido en su vida y sólo saben pedir, exigir, llorar por sus ‘derechos’ a quienes les están estafando cada día aumentándoles el precio de la vivienda, energía, comida… o vendiéndoles droga, prostitución, alcohol y juego, siendo incapaces de pelear por cambiar nada de ello, pues al igual que un crío, confunden el derecho a pataleta con influir en su devenir.

En cambio, los que nos están invadiendo y se sienten muy cómodos en las calles son los únicos que, de forma egoísta, se parten la cara las veces que haga falta, véase los Latin Kings, Ñetas, Dominicans Don´t Play, Trinitarios, Forty Two y Blood… y tantas otras bandas juveniles que provienen de países en los que sí uno tiene que ir abriéndose paso con puños y dientes para sobrevivir… son bandas latinas que campan a sus anchas por toda la geografía española.

Así, nos encontramos con un lamentable país en el que la clase media, cada vez más menguante (sólo los acomodados y los funcionarios no se enteran de lo que realmente pasa) vive aprisionada por la parte de arriba por una trama criminal política y por la parte de abajo mafias, grupos criminales, traficantes, proxenetas y una cada vez mayor cantidad de paniaguados de los cuales muchos van camino de ser cada vez más alcoholizados, sobremedicados y con los trastornos mentales y de conducta inducidos con la pérdida del hábito de trabajo y superación que provoca la ayuda de subsistencia de un sistema que le ha hecho perder toda esperanza en remontar sus vidas.

El negocio de la deuda, mediante la creación de dinero ficticio, que no está representado por nada real, tiene en la bancarrota financiera a la mayoría de países del mundo, cualquiera que sepa matemáticas básicas puede entenderlo ¿alguien ha intentando denunciarlo y organizarse para cambiarlo?

Sí, recuerdo el 15M, y a un tipo con coleta que los llamaba ‘casta’ que acabó en un ‘casoplón’ y por lo que cuentan, por sus líos de faldas, en el limbo político.

Por tanto, de vez en cuando generan conflictos, como lo que pasa en Afganistán o Siria, para que nuestro marco de referencia siempre esté condicionado por ‘podría ser mucho peor’, mejor estafado, robado o arruinado en paz, que sólo vivo en la guerra.

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