Discapacidad y trabajo

Empiezo este articulo con un titular que contiene un vocablo que no me gusta en absoluto, que debe cambiar ya que contiene a mi entender tintes discriminatorios. Discapacitado indica incapaz, habría que hablar de personas con diversidades funcionales, las cuales existen en todas las personas, unas mas pronunciadas que otras, todas las personas son iguales en derechos y deberes, obviamente hay que potenciar y facilitar esa igualdad.

Una persona en silla de ruedas puede ser una gran gestora, un gran creativo, o desempeñar un papel excelente en un departamento de relaciones humanas por ejemplo.

Una persona con un magnifico aparato locomotor podría no desarrollar con idoneidad los ejemplos expuestos pero si ser un gran profesional en otras áreas.

Es decir la «discapacidad» (personas con diversidad funcional) no es indice de inferioridad ni de ineptitud laboral.

La situación laboral en el sector que hago referencia, está en un estado casi embrionario y si no se trabaja seriamente posiblemente involucione.

Hay que abordar esencialmente las acciones y áreas en cuanto a inserción, visibilidad, educación, integración y diversificación.

Hay que educar y concienciar a la sociedad, arrancando desde las escuelas, que la diversidad funcional no es antiestética, que este colectivo tiene mucho que aportar a nuestra sociedad.

No podemos olvidar esta concienciación a las empresas. Cierto es que hay subvenciones y ayudas para empresas que contratan personas con diversidad funcional, pero obviamente no es suficiente, hay que trabajar para que el número de empresas concienciadas aumente día a día.

La visibilidad es otro puntal donde descansan las acciones enumeradas anteriormente, es el resultado de si se está actuando en la linea correcta. Solo sabremos si esta sociedad progresa en esta área y las acciones emprendidas son exitosas si la diversidad funcional es visible. Actualmente lo es muy poco.

Hay que abordar con contundencia el tema de fomentar e incentivar a la preparación laboral, bien sea universitaria o no.

No son suficientes las tasas gratuitas en universidades, y no solo hay que centrarse en esta preparación laboral, la formación profesional es también un camino a seguir sine qua non.

Solo el 3% de las personas con diversidad funcional tienen carrera universitaria.

El Estado y la administración son directamente responsables de que esta cifra deje de ser vergonzosa. El 75% de las universidades españolas carecen de servicios de ayuda al colectivo.

Cifras de la vergüenza se barajan, y mientras existan significará que nuestra sociedad involuciona como persona y culturalmente, el 35% de las personas con diversidad funcional no tienen estudios y el 14% son analfabetos .

Peor parado sale el sector de personas con diversidad auditiva, su presencia en las aulas se limita al 1%.

Hay que crear servicios específicos de apoyo. No podemos dejar de lado la problemática de accesibilidad física y las barreras arquitectónicas, hay que poder llegar a las aulas y a los puestos de trabajo. Hay que fomentar el estudio y preparación laboral a todos los niveles.

Hay que educar al personal de los centros de estudios y al personal de las empresas. Hay que trabajar seriamente en el personal docente y por supuesto en las fuerzas de seguridad. Son personas coayudantes a la visualización y protección de los derechos fundamentales y que bastante mermado tienen las personas «discapacitadas». Hay que poner medios.

La discriminación es patente, visitas a escuelas, universidades y hasta a grandes centros de trabajo, son un trabajo de campo concienciatorio.

Hay que elaborar planes de acción, que calen, que lleguen y que conciencien.

En áreas de educación, sanitario y social hay que crear máster para profesionales para que sepan como actuar al tener que interactuar con y para las personas con “discapacidad”.

El sector docente es consciente de la situación pero ha de ser concienciado.

La discriminación que existe claramente se produce por la ignorancia sobre las necesidades de apoyo sobre este colectivo y falta de comportamiento activos para facilitar la participación.

Hacen falta medidas autonómicas y estatales, hay que erradicar las barreras físicas, hay que adaptar las aulas y fomentar el voluntariado.

Solo el 24% de los «discapacitados » tienen acceso al mundo laboral.

Esto se agrava en el caso de ser mujer, la marginación es todavía mayor 32% de desempleo frente al 16% masculino.

Evidencia que el genero incrementa la situación y problemática.

El colectivo de las personas con diversidad funcional tienen mucho que aportar, hay que revertir la situación de pasar a querer vivir la vida frente al no desearla.

Hay que darle pista, e impulso, han de estar presentes en todas las áreas sociales, en ámbitos de gestión politica han de poder gestionar los asuntos y departamentos que regulan sus necesidades, transversalmente con otros departamentos.

Hay que fomentar el ver cada día médicos, enfermeros, psicólogos, cajeros, dependientes, directivos, recepcionistas, y por qué no policías ocupándose de trabajos de logística, o administrativos.

La «discapacidad» no es una carga social sino un gran numero de personas que pueden cotizar, y hasta crear empleo, un colectivo indispensable.

Hay que ver este colectivo en televisión. Presentadores, contertulios.

El área politica es también embrionaria paradójicamente, las personas encargadas de la regulación y evolución de nuestra sociedad, de velar por la igualdad y los derechos humanos, son los que menos ejemplo dan. La presencia del colectivo en politica es casi invisible bajo indices de proporcionalidad.

Poner trabas a las acciones inclusivas pone de manifiesto un talante discriminatorio.

Las personas con diversidad funcional son eso, personas de pleno derecho, el cual les es vetado por falta de actitud, aptitud, educación, fomento y acción de nuestra sociedad, actuemos y hagamos una sociedad sin discriminación con plena participación y aporte por parte de los erróneamente llamados «discapacitados».

Joan Caimari

Author: Editorial

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