Mientras unos presiden desfiles, otros portan féretros

La Guardia Civil sigue desangrándose azotada por la lacra del suicidio gracias al inmovilismo y el silencio cómplice de sus responsables.

Un inmovilismo premeditado cuya función no es otra que normalizar unas graves carencias sociales, incluso humanitarias, que son tradición en una institución aferrada a la más rancia y hermética tradición militar llevada al extremo con la aplicación del Código Penal Militar sobre unos agentes cuya función es principalmente policial. Ese inmovilismo se aferra y se escuda tras un Plan de Prevención varias veces modificado ante su ineficacia desde su nacimiento allá por 2001 (los casos de suicidio han continuado aumentando) y se obceca en mantener una Asistencia Psicológica jerarquizada y por tanto sometida en su fondo a esa misma tradición militar (la opinión del mando prevalece, sobre todo).

Y un silencio extendido como un manto con la pretensión de tapar cifras tan escalofriantes como los 447 suicidios producidos en el cuerpo entre 1982 y 2018 (60 de ellos solo en el periodo 2014-2018) y que ya en 2019 arroja la triste cifra de 5 casos más, afianzando la desoladora media de un suicidio cada 26 días. La causa de esta lacra es achacada sin ningún tipo de pudor desde la Dirección General a la facilidad de acceso a las armas de fuego. ¡¡En un país con más de tres millones de armas y con varios cuerpos policiales, ese es el argumento esgrimido por los responsables del cuerpo con mayor tasa de suicidios!!

Pero la realidad de la institución más valorada por los españoles esconde un grave secreto que difícilmente resulta justificable por sus responsables, mucho menos en pleno siglo XXI. Si difícilmente explicables son las crueles cifras anteriores, menos aún lo son si a ello sumamos los más de 400 intentos de suicidio frustrados durante estos años y las 730 prejubilaciones por motivos psíquicos ocurridas solo entre 2012 y 2018, una cada tres días. O las 570 bajas por motivos mixtos (causas físicas y psicológicas) ocurridas también en estos años. Cifras mas que relevantes que evidencian un grave problema aún por resolver.

Llegados a este punto y ante los resultados obtenidos hasta el momento, cabría preguntarse si de no afectar casi en exclusiva a la base de la pirámide, puesto que la incidencia es abrumadoramente superior en las escalas inferiores y en especial en la escala básica, las medidas para atajarlo habrían sido otras.

Desde JUCIL, como representantes del colectivo, lucharán siempre para acabar con esta lacra que azota sin piedad a la Guardia Civil hasta conseguir cero suicidios, comenzando por una asistencia psicológica externa e independiente, así como unos protocolos internos realmente efectivos en su prevención. Y sin olvidar todas aquellas circunstancias laborales encubiertas que puedan empujar a cualquier compañero a tomar esta fatal decisión.

Para ello exigen la no aplicación del Código Penal Militar, una formación adecuada tanto a nivel profesional como psicológico, el reconocimiento del uso de armas como factor de riesgo, la dotación de medios adecuados para realizar su trabajo con total garantía y seguridad, una jornada laboral compatible con la vida familiar y unas retribuciones dignas. Trabajando siempre con la firme convicción de que una institución que celebra sus 175 años de historia ha de ser capaz de adaptarse a los tiempos para seguir escribiéndola con orgullo.

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Actualizado: 15 mayo, 2019 — 16:32

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