Una realidad incómoda: Niños tiranos

Recuerdo que un día pasaba por delante del colegio al que fui de niño… aquel día vi a una madre que había aparcado en doble fila que salía del coche con sus dos hijos, uno de unos 10 años y otro de unos 14.

Los gritos e insultos que esos chicos proliferaban a su madre eran como cuchillos que se me clavaban en el alma.
No pude evitar pararme ante la desesperación y soledad de la madre… me planté entre ella y sus hijos y les advertí que tenían que entrar en el colegio y ser respetuosos con su madre…

En ese instante esa mujer se «derrumbó emocionalmente» y se puso a llorar con un ahogado «ya no puedo más»… sus hijos fueron finalmente hacia la puerta del colegio, pero el mayor la siguió insultando, encima le recriminaba de que era ella quien los ponía a ellos en evidencia que «ya hablaremos luego hija de…».

Me quedé unos minutos con ella, y unas madres que habían visto lo sucedido se acercaron también para apoyarla.
Me despedí y le di indicaciones de mi y de quien podía también ayudarla.

Cuando llegué al Centro de Día y Comedor Social no podía evitar relacionar algunas de las personas a las que asisto con ese perfil de maltratador… siempre exigentes, nunca colaboradores, vengativos… no podía evitar ver en algunas personas el niño tirano que debieron ser.

La tiranía infantil existe y hace mucho daño a los padres.

Un niño tirano se caracteriza por «primero yo y luego yo». No muestra empatía y no le importa ponerse histérico o gritar donde sea para salirse con la suya.

Su conducta se va haciendo cada vez más patológica a medida que crece con muy mal pronóstico en poco tiempo.
Se trata de una forma de violencia de género, porque quien la vive casi siempre es la madre… y luego la futura pareja del niño cuando sea adulto.

Un hijo educado en la empatía, sensibilidad, compasión, en perdonar y perdonarse no se hace un dictador. Pero esos valores requieren que los padres los posean antes.

Mujeres solas en la vida, otras que están con el marido, pero igual de solas, padres que se separan y malmeten contra el otro o ridiculizan a la madre, padres sentados frente a sus hijos sin saber qué decirles porque no los conocen. Estos niños crecen en contradicción sin un referente real en su educación.

Hay un aspecto tóxico de la sociedad en general que dice que los niños son lo primero. Son importantes, pero no son lo primero… hay que educar en la filosofía de vida de que sepan lo que es el esfuerzo… derechos y deberes para convivir en sociedad y tener sentimientos de compasión y empatía por los demás.

Si no, seguiremos con el problema. En el último año, se han dado 8.000 denuncias del grupo de 14 a 18 años, 1.000 más que el año anterior, y el pronóstico no es bueno, hay que educar desde el primer momento, hay que socializar, y poner límites.

A menos que seas un tirano tú también y tus hijos tu consecuencia inevitable.

Fuente referencial:
Javier UrraDoctor en Psicología

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